jueves, 5 de marzo de 2009

Momentos memorables


Hace un par de años una de mis compañeras me pidió si podía prestarle los títeres que yo había hecho para trabajar con sus niños. Por supuesto que le dije que sí, y fui a su salón a llevárselos. Todos los niños estaban sentados en la alfombra de frente a la puerta y las ventanas. Así que se me ocurrió hacer aparecer a los personajes que llevaba en la mano por la ventana. Sus caras de encanto valió la pena. Pero más conmovedor aún fue cuando al día siguiente cuando iba llegando a la escuela uno de los pequeños (eran alumnos de primer año) salió a recibirme corriendo y agarrándose con todas sus fuerzas de mis piernas me dijo: "Gracias por los títeres".



Hoy, primer día de clases, estaba en el recreo, parada, distraída, cuando siento una manita tibia que se toma de la mía, cuando bajo la mirada para ver de quién se trataba, una nena, también pequeña, no sé de que grado, me dice: "Bienvenida", luego me soltó y se fue.



No recuerdo el nombre de aquel niño, creo que se llamaba José, ni del todo el rostro de la niña de hoy, sin embargo, ambos quedaran en mi recuerdo para siempre, por sus gestos que me llegaron al corazón.



Un beso para los dos y gracias por esos regalos tan bellos.

6 comentarios:

Walter Hego dijo...

Cada vez que leo esa anécdota del botija y los títeres se me llenan los ojos de lágrimas.

Viperina dijo...

La inocencia y ternura de los niños es emotiva, porque no tiene malicia, ni dobles intenciones, ni falsedad; es auténtica al 100%. No me extraña que se te grabe en el corazón, a mí se me pone la piel de gallina sólo con leerlo...
Besos, amiga.

Tulipán dijo...

Para ambos que parece comprendieron mis sentimientos ante estas situaciones:

Hoy, de tarde, hace un rato, estabamos hablando con los chicos acerca de la Astronomía, qué era, cuál era su objeto de estudio, etc.

En determinado momento, un chico, que no había participado hasta el momento levants la mano e inmediatamente le doy la palabra:

"Maestra, las estrellas que hay en el fondo del mar ¿son las caen de noche del cielo?"


Me pareció tan hermoso lo que acababa de decir que me quedé sin habla por un momento y me sentí culpable por tener que romper aquella fantasía. Aparté la vista de su rostro y miré a la maestra que estaba sentada en el fondo del salón. Temí por un momento que ella se estuviese riendo pero no. En su cara se veía reflejado mi pensamiento y mi emoción.

HUGO dijo...

Eres una maestra muy querida .

Tulipán dijo...

H: en realidad los queribles son los niños, creo yo.

Viperina dijo...

Madre mia!!! Qué cosa más bonita, por favor!!! Me encanta que un niño sea capaz de ver el mundo de esa forma...Creo que esta es una de esas frases que nunca olvidaré.
Besos, preciosa.