domingo, 1 de febrero de 2009

¿A quién le sirve el perdón?





(Del lat. per y donāre, dar)

1. m. Acción de perdonar.
2. m. Remisión de la pena merecida, de la ofensa recibida o de alguna deuda u obligación pendiente.
3. m. indulgencia (‖ remisión de los pecados).
4. m. U. para pedir disculpas.



Pedir perdón está bien sin dudas. Si uno ha realizado un acto que de algún modo perjudica a otro, lo menos que puede hacer es pedir disculpas. Pero el asunto es, en estos casos, ¿se debe hacer “lo menos” o quizás habría que probar con algo más?

La opción de pedir perdón parece dar cierta impunidad, “total después pido perdón y tá”. Esa es la impresión que me queda cuando leo la prensa y me encuentro con titulares como los de la imagen, desde las cosas más banales a las dolorosas, pedir perdón parece una fórmula “salva todo”.

Pero, ¿a quién salva el perdón?

Siempre son dos, al menos: uno que pide y el otro que otorga (aunque no sé que pasa con el perdonarse a uno mismo).

Dar el perdón es, según se dice, liberador. Alivia la ofensa y el reconocimiento por parte del otro de la mala acción cometida, me da la razón y ¿a quién no le gusta tener razón?
Perdonar es seguir adelante, dar por saldada una deuda, dejarla atrás y en cierta forma olvidar. Si no se olvida la ofensa recibida y la traemos a colación en cada oportunidad que tenemos es que la misma no ha sido totalmente indultada.

Ahora bien, me interesa más el lugar de quién pide perdón. Como decía al comienzo, pedimos disculpas muchas veces al día, porque pisamos a alguien en el ómnibus repleto de gente, por llegar tarde al trabajo, por olvidarnos de algo, por hablar mal a alguien, porque mis actos o mis palabras han causado una molestia a otro. También hay perdones de los grandes como se ve en esta imagen, perdón por matar a alguien, perdón por violarte, perdón por masacrarlos, perdón por destruir tu familia. Hay perdones personales y perdones colectivos. Y, sin embargo, cualquiera sea su tipo o su escala, me preocupa que sólo sean palabras.

¿Basta con pedir perdón? Si voy en un ómnibus cargada y al pasar golpeo con mi bolso a alguien, lo normal sería que pidiese disculpas, fue un descuido, el ómnibus se movía, no había suficiente lugar para pasar, el bolso pesaba demasiado, no calculé bien el espacio, muchas excusas para nuestro comportamiento podemos encontrar.
Seguramente, la persona afectada, aunque molesta, nos disculpará y seguramente para cuando se baje del coche ya no lo recuerde.
Yo, que voy con mi bolso, supercargado, intentaré evitar que vuelva a suceder, en ese y en otros viajes. Podría decirse que en este simple y un poco tonto ejemplo, mi solicitud de perdón fue sincera, perjudiqué a alguien, pido disculpas y luego actúo en consecuencia.

Sin embargo, si luego, camino del fondo del colectivo sigo dándole en la cabeza a los demás pasajeros con mi bolso, por más que pida perdón a cada uno de ellos, ese “perdón” no suela muy coherente, es decir, está usado como una forma de justificar mi comportamiento y habilitarme a seguir cometiendo impunemente la acción por la cuál estoy pidiendo disculpas.

El agredido puede quedar más o menos afectado por el hecho, en algunos casos la situación es tan grave que el daño no puede ser reparado, no se puede hacer como si nada hubiese pasado, pero si el agresor está realmente dispuesto a pedir disculpas (iba a decir arrepentido, pero no necesariamente hay que estar arrepentido para reconocer que uno cometió un error, ¿o sí?) se espera que evite situaciones similares.
Si este incurre sistemáticamente en el mismo acto, ¿para qué pide perdón?
En este caso ¿está mal no otorgarle el perdón?

Lo que quiero decir es que cuando alguien perdón me gustaría, además de oír sus palabras ver en sus futuros actos un esfuerzo por evitar situaciones que lo lleven a la necesidad de tener que volver a hacerlo. No quiero disculpas para volver a ver que suceden las mismas cosas. No quiero que me pidas perdón si las cosas no van a cambiar, no quiero que me pidan perdón en las cosas serias que afectan mi vida, quiero una actitud diferente, quiero ver que esas cosas que causan dolor no vuelvan a suceder.
El perdón debe servir a quién lo pide tanto como ha quién lo da.





4 comentarios:

HUGO dijo...

Yo no necesito pedirlo...soy un santito y un tiernito.

PD: no puedo evitar mirar siempre tu foto en maya...

Tulipán dijo...

Siempre he pensado que hay un pequeño par de cosas que llaman la atención en esa foto ;)

Y, que eres un encanto y yn dulce, también es cierto, así que estás perdonado (por las dudas)

HUGO dijo...

Yo no diría "pequeñas cosas".

Tulipán dijo...

;)